miércoles, 11 de diciembre de 2013

El inevitable choque cultural


En mi anterior post nombré algunas de las cosas por las que me gusta vivir en Senegal.  Es incuestionable para mí a estas alturas, que la vida en este país me es más apacible en muchos aspectos que aquella que vivía en España.  Los sonidos, los olores, los colores y el sol, siempre alumbrando el encanto de este pueblo, hacen que sea difícil no amarlo. Me gusta repito, y sin embargo con el paso del tiempo, soy cada vez mas consciente de la inevitabilidad del choque cultural. Y es que hay ciertas características sociales a las que no creo que pueda pueda llegar a acostumbrarme, muchas de lass cuales lass encuentro en mi propio entorno laboral.

He tenido la suerte de trabajar desde el primer día  con senegaleses y sólo puedo decir: Qué gran experiencia ésta y que difícil al mismo tiempo. Cada día aprendo en mi trabajo gestos, maneras de pensar y actuar nuevas para mí, y cada día tengo la oportunidad  de sorprenderme, indignarme y  emocionarme con todo lo que observo.  Y la oportunidad también de no estar de acuerdo. ¡Qué le vamos a hacer!

Que esto ocurra, desde un punto de vista neutral no es culpa de nadie. Yo sé bien que mi “molestia” viene de haber crecido en una familia y en un país dónde está permitido opinar acerca de cualquier cosa sin censuras. No siempre fue así, cierto, pero yo sólo he vivido en la época de LA LIBERTAD y la bonanza.  Los españoles somos como dirían los franceses “des vrais bavardes”, grandes charlatanes que nos permitimos decir lo que pensamos en todo contexto y situación, aunque no tengamos ni idea del tema del que se habla, ni nos afecte lo más mínimo. Yo he crecido viendo debates en la tele sobre los más variados y a veces absurdos temas, y leyendo revistas y periódicos dónde la sección de “opinión” ocupaba las páginas centrales, y dónde los lectores tenían su propio espacio para decir lo que pensaban. Somos extremadamente críticos con todo los españoles, y también quejicas, y si no lo crees, sal de España y verás la diferencia. Pasar la frontera francesa ya es suficiente para saber que hay temas de los que no está bien hablar en cualquier contexto y situación. Política, sexo y religión se llevan la Palma de Oro  a los temas más tabúes del mundo. Si estás en Inglaterra cuidado con preguntar sobre el salario o hablar del precio de las cosas. No hace falta cambiar de continente para saber además que mostrar ciertos sentimientos en determinados situaciones, no está bien considerado.

En Senegal ocurre lo mismo, y no necesitas mucho tiempo para darte cuenta de qué  hay ciertas opiniones que no puedes compartir  abiertamente con cualquiera y en cualquier lugar. Para mí esta peculiaridad cultural se torna especialmente difícil en el contexto profesional ya que es allí dónde paso la mayor parte de mis días.  Trabajo en un colegio privado, un colegio excelente en su acogida a los alumnos con un trato alumno-profesor muy cercano y un bilingüismo total por parte de los niños cuando acaban el instituto, pero un centro también con todos los defectos, contradicciones y carencias de la enseñanza senegalesa, que cada día ponen a prueba mi paciencia.

"SUCEPTIBILIDAD SENEGALESA"
Un día la orientadora pidió hablar conmigo, por lo visto  algunos alumnos del tercer curso  se habían quejado cuando yo había usado la palabra “maleducado” debido al mal comportamiento de uno de ellos. En su queja, lo habían hecho extensible a toda la clase, diciendo que la profesora de español había dicho que los alumnos senegaleses eran "todos" maleducados. Nada más lejos de la realidad, pero eso es lo que contaron.

“Aquí no puedes generalizar, ni con lo positivo ni con lo negativo. No puedes hacer comparaciones. Los senegaleses tienen una historia colonizadora muy reciente y hay mucha susceptibilidad hacía los europeos, y después de lo que vivieron, en cierta forma es normal” me dijo la orientadora, sin verificar si quiera si lo que había molestado a los alumnos era verdad. Senegal dejó de ser colonia francesa en 1960.  No sé lo que se siente al haber crecido en un país  colonizado y sometido durante siglos de la forma en que fueron sometidas las colonias africanas. Puedo entenderlo, pero no sentirlo, y esa incomprensión forma parte del choque cultural. Hay que convivir con los africanos de esta parte del mundo, para darse cuenta de que esa parte de la historia no está superada.

AUTOCENSURA

Después de esta conversación con la orientadora, añadí otra cosa más a mi ya larga lista de "expresiones que no puedes usar en el aula". Y quizás sea ésta especie de "auto-represión" a la que nos tenemos que someter los toubabs, una de las cosas que menos me gustan de este país. 
Para mí esta autocensura es muy limitadora en el aula, un lugar que debería ser de encuentro de debates e intercambio de ideas, pero dónde aquí se promueve la comunicación en una sola dirección: del profesor hacía el alumno. Mis chicos son adolescentes de entre 13 y 18 años, una edad en la que se desarrolla entre otras cosas, el espíritu crítico, una edad maravillosa para empezar a tomar conciencia y en la que se forma la identidad individual y colectiva. Pero aquí en Senegal las pedagogías participativas y la educación para el desarrollo que llevamos años fomentando en Europa, son casi invisibles en las aulas, y temas como la homosexualidad, las diferencias religiosas, las diferencias de género, la inmigración clandestina, y los problemas sociales, no se ven en ninguna parte del programa escolar. 
Lo más chocante, por llamarlo de alguna manera, es que el libro que sigo en 2º de bachillerato, al pertenecer al programa francés, sí trata todas estas cuestiones, viéndome obligada cada vez que me encuentro con una, a pasarlas por alto, a  no dar mi opinión sobre ellas, y a evitar el debate en la clase. También me veo en aprietos a la hora de explicar aspectos de mi cultura sobre los que los alumnos más mayores me preguntan: Parejas de hecho, sexo antes del matrimonio, edad de tener hijos, o el rol de la mujer son algunos de ellos. Nunca sabes si tu respuesta les podrá ofender y si va correr como la pólvora por todo el colegio. Para poner un ejemplo, hace poco traté con mis alumnos de 2º de bachillerato el tema de la dictadura franquista, dónde les expliqué que durante la misma, las mujeres para poder abrir una cuenta de banco o salir de España debían obtener el permiso de su marido, y entonces una de mis alumnas me responde: “ Pero eso está bien, pedir el permiso del marido está bien” En esa misma ocasión, estudiando la obra de Federico  García Lorca, al saber que era homosexual, un alumno me respondió: “¡Ah! Entonces está bien que lo fusilaran”

Yo intento no entrar en pólemicas, sólo les pregunto a lo Sócrates, ¿por qué está bien que las mujeres pidan permiso a los maridos para ciertas cosas? ¿Crees que  alguien que es homosexual no puede hacer una obra literaria excelente?  Después escucho y pronuncio todas las veces que puedo la palabra: “RESPETO” Y  Siempre que doy explicaciones acerca de las diferencias culturales de España respecto a Senegal acabo con un: “pero no es mejor ni peor, simplemente es diferentes”. 
Pero me cuesta.


                                                                    Esta historia empezó aquí

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Por qué me gusta este precioso lugar...

... Porque la mayoría de las casa son bajas y cuando miro hacía arriba puedo ver el cielo. Porque la gente sonríe cuando te saluda. Porque la gente te mira a los ojos cuando te saluda. Porque la gente se queda un rato contigo cuando te saluda. Porque oigo el canto del gallo cuando me despierto y el del grillo antes de dormir. Por el chico que me ofrece un té y me regala caramelos cada día mientras espero el autobús. Por la magnífica sonrisa de los niños cuando paso a su lado. 

Porque todo el mundo te invita. 

Porque la gente se sienta a las puertas de sus casas al caer la tarde.  Porque los cantos de la mezquita me recuerdan a los mantras budistas. Porque camino más lento. Porque las casas huelen a incienso. Porque hay menos borrachos los sábados por la noche. Porque los hombres también bailan. Por que me gusta el sonido del jembé. Porque el único vestido negro que ves es el color de la piel de la gente. Porque tienen ganas. Porque no hay casi nada que hacer. Porque tengo tiempo. Porque faltan cosas. Porque lo que quiero parece posible. Porque fantaseo menos y recuerdo más. Porque me siento más conectada a ti. 

Porque no me gusta mi decadente país...

... Porque los edificios son demasiado altos. Porque no sé quien los habita. Porque existe el invierno. Porque hay demasiado de todo. Porque me sobran cosas. Porque los hombres no bailan. Porque las personas no te miran cuando te saludan. Porque ando rápido y recuerdo menos. 

Porque deseo. 

Porque es difícil estar solo. Porque lo más importante es el trabajo. Porque tenemos miedo. Porque estáis preocupados. Porque andamos hacía el pasado. Porque hay mucho ruido. Porque falta el silencio. Porque os quejáis todo el rato. Porque tengo que competir.  Porque lo que quiero me parece imposible. Porque no te das cuenta.



domingo, 17 de noviembre de 2013

Conversaciones con senegaleses

Ocurren en el taxi y en la parada del autobús, en la cantina del colegio y en el mercado, en la casa de la vecina, y en el taller del costurero. Las tienes con el frutero, con los compañeros del trabajo, con la señora de la limpieza o con el guarda de seguridad. Y te enseñan más que cualquier otra cosa, las costumbres de un país y la manera de pensar de la gente que lo habita, sus faltas y sus riquezas. Las conversaciones en el día a día con senegaleses me hacen sentir que lo mejor de este país son ellos y que lo peor, a veces, son ellos también.

Con el taxista...

Taxista- Son dos mil quinientos francos.
Yo-  (Comenzando el duro arte de la negociación) ¿Estás de broma?, vivo en Dakar desde hace años, y he ido allí muchas veces y sé que cuesta mil.
Taxista- Nooo, no es posible, la gasolina es muy cara, dos mil está bien.
Yo- pero yo he hecho este trayecto por mil quinientos, te lo juro
Taxista - (Rechinando los dientes) chisss, no está bien eso, no, no.
Yo- Bueno, voy a buscar otro taxi entonces.
Taxista- (con un gesto de la mano) entra.
(Después de los saludos habituales)
Taxista: ¿Estas casada?
Yo: No, pero tengo pareja desde hace 10 años, para mí es lo mismo.
Taxista: ( con gran sorpresa) ¡¿en serio?! ¿y porque no os casais?
Yo: Porque no nos apetece, estamos bien así, hemos vivido juntos, así que es como si estuviéramos casados.
Taxista: (exclamando)no, ¡no es lo mismo!, os tenéis que casar ya, para poder tener hijos.
Yo:  En mi país no es necesario casarse para tener hijos
Taxista: Pero... ¿dormís en la misma cama?
Yo: jajaja, claro...
Taxista: Pero eso debe ser duro...
Yo:  ¿tú sabes que en España y en la mayoría de los países de Europa puedes tener relaciones sexuales sin casarte?
Taxista: ¡no!
Yo: claro que sí, no debes esperar a casarte.
Taxista: (emocionado) oh! España, yo quiero ir a vivir a España, búscame una novia española por favor.

Con el vigilante del colegio...

Yo: ¿Sabes qué, Mohamed?, he escuchado en la radio que la tubería que se estropeó y que los franceses están intentando cambiar, se ha vuelto a romper, ¡que desastre!
Mohamed: sí lo he oído, ¿y sabes lo que la gente esta empezando a decir? que es porque allí hay un mal espíritu que no quiere que arreglen la tubería.
Yo: mmm (en estos casos nunca sabes bien que decir) quizás, pero yo más que un espíritu, lo que creo es que el sistema de tuberías de Dakar esta muy estropeado y habría que cambiarlo entero y que esto es más bien culpa de los gobiernos no de los espíritus.

Con el profesor de informática...


Yo: Mis compañeras y yo pensamos que aquí es muy difícil poder tener un amigo tal y como entendemos el concepto de amistad en Europa, porque todos los hombres que se acercan a nosotras, lo hacen con un interés sexual, o buscan tener una relación intima, o directamente te piden matrimonio a los 10 minutos de conocerte, y cuando les rechazas pero les ofreces una relaciona de amistad, te dicen que no, que eso no les interesa.
Samba: Eso no es verdad, yo tengo muchas amigas senegalesas, quizás no se acercan porque ven que tienes prejuicios y piensan que no merece la pena ser tu amigo.
Yo: pero estarás de acuerdo en que las blancas en general somos vistas por los hombres senegaleses como "oportunidades de..."
Samba: Bueno, quizás vosotras fomentáis eso con vuestra actitud, 
Yo: pero que en Europa haya mas libertad sexual no quiere decir que nos acostemos con el primero que no los propone, ¿sabes lo que quiero decir?
Samba: Pero, tu lo has dicho, nosotros sabemos que vuestra manera de pensar es diferente, y que es mas fácil  tener lo que queremos de las europeas, pero no todos los hombres son así. Pero si me hablas de los hombres que encuentras en la playa y que van a la caza de las blancas, normal que hayáis tenido esas experiencia. Yo te aseguro que si quieres puedes tener muy buenos amigOs senegaleses.
Yo: Espero que tengas razón y que sea yo la que me equivoque, te lo diré dentro de tres meses...

Desconocidos que te hablan mientras esperas 30 minutos el autobús...

Yo: No entiendo porque el gobierno no pone contenedores en las calles de Dakar para evitar la suciedad.
Desconocido: porque no es suficiente, hay que educar a la gente, no es solo cuestión de poner contenedores, la gente tiene el habito de tirar la basura a la calle.
Yo: bueno, porque no hay otro lugar donde tirarlos si estas fuera tu casa. Yo debo llevar siempre una bolsa de plástico para tirar la basura que genero cuando estoy fuera... el gobierno tendrá que hacer campañas para concienciar, pero yo creo que si no pone contenedores todo seguirá sucio.
Desconocido: Es sobre todo una cuestión de educación y de hábitos, si pones contenedores la gente seguirá tirándolo a la calle por costumbre, además hay muchos sitios en Dakar dónde hay contenedores.
Yo: ¿Ah sí? yo a penas he visto

Con la vecina de 18 años...

Yo:  Entonces, ¿Ibrahim (Un inquieto niño de 4 años) es tu hermano? 
Vecina: no, de hecho es el hijo de mi tía pero como mi madre sólo me tiene a mí y mi tía ha tenido cuatro hijos, le ha dejado a Ibrahim a mi madre para que se ocupe de él.
Yo: ( muy sorprendida) ¿Tu tía le ha dado a uno de sus hijos a tu madre para que le cuide como si fuera suyo?
Vecina: sí, para que mi madre no esté triste  por no  tener más hijos, pero Ibrahim lo sabe y también pasa temporadas con su verdadera madre.
Yo: ¿Y por qué tu madre no ha tenido más hijos?
Vecina: Por que Dios no lo ha querido.

Con Ibou...

Yo: ¿Cual es el objetivo final entonces, para ti Ibou de hacer méritos según lo indica El Corán, a lo largo de tu vida?
Ibou: Ir al paraíso
Yo: ¿y qué hay allí?
Ibou: allí te unes con Dios,
Yo: ¿y porque te quieres unir con Dios?
Ibou: porque eso es lo que dice El Corán que está bien.  En el  paraíso tienes la felicidad eterna.
Yo: ¿Es que no puedes ser feliz ahora? ¿tienes que esperar hasta que mueras?
Ibou: No, nuestra vida es solo un camino para hacer méritos y llegar al paraíso, vas llegando poco a poco.
Yo: Asi que tu objetivo y el de todos los musulmanes es llegar a un estado de paz y felicidad completa, la unión con "Dios"
Ibou: si... mas o menos,
Yo: ahhh, pero yo creo que para llegar a eso no hace falta ser musulmán, ni de ninguna otra religión.

Con el vendedor de frutas...

Vendedor: Yo una vez llegué a España en patera, estuve un mes en Islas Canarias y después me devolvieron a Senegal.
Yo: Arriesgáste tu vida, hay  piraguas que nunca llegan
Vendedor: Sí, fue duro, ya no me quedaron ganas de intentarlo.
Yo: Yo en España he trabajado mucho con africanos que han venido en esas condiciones a España y conozco bien la situación, a algunos trabajadores del ámbito social nos sorprende que haya tanta gente que siga viniendo porque desde hace algunos años las condiciones para los extranjeros se han endurecido. Hay muchísimo paro entre los españoles y para las personas que no tienen papeles las cosas son peores.
Vendedor: ¿En serio? pero en España nada más llegar nos dieron ropa nueva, y comida, y un sitio dónde dormir y cuando me trajeron a Senegal antes de montar en el avión, ¡nos dieron 50 euros!
Yo: pero eso no iba a durar para siempre, si te hubieras quedado allí, al cabo de unos meses te hubieras quedado en la calle sin nada, sin papeles y obligado a evitar a la policía.
Vendedor: Pero, puedes encontrar algo de trabajo, aunque sea limpiando o en la construcción.
Yo: Hace años que eso es casi imposible, sin papeles no puedes hacer nada, hay asociaciones que te dan de comer, no te voy a decir que te mueres de hambre
allí y hay albergues donde puedes dormir en invierno pero no son buenas condiciones de vida.
Vendedor: Pero yo tengo amigos que se quedaron en España y que iban conmigo en la patera y les va muy bien, y se están construyendo grandes casas en el pueblo del que yo vengo gracias al dinero que ganan en España.  
Yo: ¿y sabes en qué trabajan y que hacen en España exactamente? porque muchos africanos se dedican a vender en la calle, ganan algo de dinero, pero no suficiente para pagar un piso, y todo lo demás, ¿sabes cuanto necesitas para vivir en Madrid? mucho, pero hay gente que vive en la calle o en habitaciones compartidas y parte de lo poco que ganan lo envían a sus países. Pero esa forma de vivir está muy lejos del paraíso que vosotros pensáis que es Europa. ¿Sabes cuantos años necesitan para poder llegar a tener el permiso de residencia? y mientras tanto eres lo que llaman "ilegal". La vida es difícil allí para un inmigrante, no te miento.
Vendedor: yo te digo que tengo amigos que han vuelto de España y han vuelto ricos.
Yo: Claro que puede haber casos así, pero créeme no es lo habitual.

(Pero él no me creyó) 


martes, 29 de octubre de 2013

Encuentros

Detrás de estas imágenes hay una historia

video


Mi vida. Cómo sería mi vida si hubiera nacido en otro país y en otra casa, si fuera otra mi lengua, mis padres otros y otra mi forma de amar.

Cómo sería mi mente, si esta hubiera sido moldeada por el Islam, con que vestidos cubriría hoy mi cuerpo y que es lo que no haría para sentirme mejor.

Y su vida, como sería su vida si hubiera nacido en otro barrio, siendo sus padres otros, ninguna su religión, pero igual su talento. 

Me pregunté esto sobre tantas personas en tanto lugares del mundo...

Personas que me dejaron entrar en sus casas sin preguntarme de dónde venía mientras yo lo juzgaba todo subida en mi escalón. Porque siempre parecía haber una situación sobre la que opinar.

Y en esos lugares conocí a gente con cualidades extraordinarias, personas buenas con pocas oportunidades. Personas a las que nunca conoceréis. Me senté con ellas un rato y luego me fui pensando en lo injusto de sus "desafortunadas circunstancias". Hoy siguen en mi memoria y en mi alma.

Pero esas historias no se acaban, pues en cada lugar en el que habito sigo encontrándome con ellas. Personas geniales, creativas, con ideas que podrían cambia el mundo, pensadores, pintores, músicos, cineastas, escritores, hay tantas mentes creativas soñando con crear, que me parece increíble que  toda nuestra atención esté en las que destruyen.

Y hoy aún en medio de la locura de estos tiempos, no dejo de descubrir a personas con cualidades especiales consternadas por el contexto social en el que viven. Y cómo nacen, mueren sus ideas sin que nadie les preste atención. Es entonces cuando me pregunto, "y su vida, cómo sería si vida si hubiera nacido en otro barrio,siendo sus padres otros..."

Ibou

"Le digo que sí, que ese fin de semana iré a su casa familiar en las afueras y haré fotos de sus cuadros. Entonces todavía no sé que conoceré a su reciente esposa de 17 años, un matrimonio acordado por la familia y realizado justo la noche anterior a mi llegada. Tampoco sé que conoceré a su hermano mayor y que le prometeré ayudarle a vender en España sus camisas de diseños estampados increíblemente armoniosos a mis ojos, para alguien sin ninguna formación en bellas artes. Me sorprende la manera de mezclar los colores de esta familia de artistas anónimos. La madre aprendió de la abuela la manera de teñir las telas blancas con la pureza de las tinturas africanas, y los hijos cada uno a su manera eligió un soporte para manifestar este saber.

Yendo de habitación en habitación, me siento como un pequeño museo de arte africano. Regaño a mi amigo por el estado de muchos de sus cuadros, los cuales se deshacen en algunos de los rincones más oscuros de la casa, sé que muchos no saldrán ahí jamás, ahí fueron concebidos y ahí se perderán. 

Las mujeres cocinan mientras Ibou me lleva a su habitación. Ibou, "el buen musulmán" que un día dejará de hacer retratos porque está prohibido por su religión  y le da un poco de miedo hacerlos. Ibou, incluso si tu intención es hablar de la pobreza, en los rostros que pintas reflejas sin saberlo tu propio temor. También dejarás de tocar la guitarra me dices, pues el Islam prohibe la música, y sin embargo por esas contradicciones que me hacen sonreír cada día, vienes todos los domingos a  casa para enseñar tocar la guitarra a tu amigo inglés.

Pero ahí está, yo la veo en ti, la naturaleza creativa humana despasando las normas que hemos creado para contenerla. Pura, salvaje, como el amor, como el sexo como la violencia. Eres el ejemplo de que cuántas más prohibiciones tiene una sociedad, más evidentes las artimañas de la gente que vive en ella para sortearlas. Consciente o inconscientemente.

Después de comer me siento sobre el colchón al lado de tu joven mujer, esa a la que apenas conoces. En esa parte de arriba de tu casa a medio construir planeas crear algún día un taller para exponer los cuadro que te da pena vender. ¿Dónde está tu alma de comerciante senegalés Ibou? Incluso a pesar de que nunca estaré de acuerdo con que prohíbas a esa niña de 17 años a la que acabas de desposar, ponerse pantalón vaquero y minifalda, en este momento estoy llena de gratitud hacía tí y tu familia, y enamorada de la genialidad de tu hermano al que me gustaría ayudar.

Y hoy viendo vuestras fotos, no puedo dejar de pensar: "como hubiera sido mi vida si si hubiera nacido en otro país y en otra casa, si fuera otra mi lengua, mis padres otros y otra mi forma de amar"


Este post continua en imagenes AQUÍ

El inicio de mi vida en Africa 

jueves, 24 de octubre de 2013

Cuestión de "tiempo"

El amarillo y el violeta, detalles africanos estampados, el verde de la palmera y hormigas cruzando la pantalla del ordenador, fugazmente tú, mi mano girando el grifo, cuatro cerraduras, dos vuelta de llave, la sonrisa de esa niña. Eso es todo lo que ahora puedo ver cuando cierro mis ojos.
El bamboleo de las olas del mar, lo baches de la carretera sin asfaltar, su mano en mi espalda dirigiendo mis pasos, el ritmo, mis pies abriéndose camino entre la arena, la humedad en todas sus formas, la falta de agua en mi cuerpo. Eso es todo lo que siento ahora cuando cierro mis ojos.
Mi sudor y el de los otros, el incienso que sube hasta mi ventana, las ruedas quemadas, el perfume del insecticida, el café de la mañana y el té de la tarde. Eso es todo lo que puedo oler ahora cuando cierro mis ojos.
El canto del gallo, el ventilador encendido, los rezos de la una, el sabar de la radio, un idioma que no conozco, “Incha allah!.  Eso es todo lo que puedo oír ahora cuando cierro mis ojos.

El resto del tiempo es para recordar el pasado y adivinar el futuro.  Siento como si me hubieran regalado al entrar en este continente tres horas más cada día. Durante el primer mes cada vez que miraba el reloj pensaba, “¿todavía son…? ¡No puede ser! He hecho y pensado tantas cosas hoy…” Y es que el tiempo es algo totalmente distinto a lo que hemos aprendido cuando dejamos de estar pendiente de él y de todas aquellas cosas que nos lo recuerdan.  Esta cadencia en el devenir del tiempo se manifiesta en la manera de vivir de los senegaleses y yo lo sentí nada más salir del aeropuerto, pues ya desde el primer momento intuí la quietud y pasibilidad que caracterizan este lugar. Me habían dicho que Dakar era una capital dificil y egoísta, que nada tenía que ver con el resto de Senegal. Nada más lejos de la realidad según mi experiencia. Un paseo por cualquiera de sus barrios, a excepción quizás del bullicioso centro, para comprobar que la gente aquí avanza con paso tranquilo. “María, andas muy rápido” me dijo Marie la primera vez que caminamos juntas. “Perdona, es que tengo el chip europeo todavía Marie, en España casi siempre vamos con prisa, siempre tenemos ganas de acabar “esto” para empezar con lo “otro”, porque el problema es que no tenemos tiempo para todo lo que hemos proyectado hacer ese día, te acuestas cada noche sintiendo que has dejado cosas por hacer” 

Echando la vista atrás, ahora no me explico cómo podía ser que allí tuviera tantas cosas que hacer todo el tiempo y aquí tenga tan pocas. Mirar por la ventana a las mujeres que frotan la ropa y hacerles fotos, visitar al costurero para explicarle como me gustaría que me hiciera mi próximo vestido o pasarme a ver a Mariama y a sus hijos para sentarme a charlar con ellos en su pequeño puesto de frutas, forman parte de las cosas que elijo hacer cada semana.

Sin duda, mi percepción del tiempo ha cambiado desde que llegué a Senegal. Me encanta tomarme todo el  tiempo del mundo para preguntar aún con la mano apretada de la persona a la que saludo, comment ça va? y que ese sea el inicio de una larga conversación sobre cosas triviales que terminaran con un “¡Incha allah!

Mi respuesta al estrés también está cambiando. Ahora cuando lo siento simplemente salgo a dar una vuelta por este pueblo que es mi barrio, y entonces escucho mi voz interior diciendo “¿ves como todo está bien y tranquilo?”  y cojo el ritmo de los pies de la primera persona que veo, mientras mi cabeza graba la imagen de esos cientos de personas que sentados a las  puertas de sus casas, esperan en compañía de un té a que acabe el día como si no hubiera otra cosa que hacer que no hacer absolutamente nada más que ESTAR allí.

La hora del té
Playa de Yoff
Esperando la Tabaski

jueves, 17 de octubre de 2013

Celebrando la Tabaski



Eran casi las diez de la noche cuando Chris y yo llegamos a casa de Maty. Dos horas en coche desde Dakar es demasiado tiempo cuando se ha trabajado durante todo el día, pero el espectáculo que se desarrollaba en las calles era tan desconocido e impresionante a mis ojos, que al final de nuestro recorrido hubiera querido seguir sentada en el auto,  inmóvil e invisible para continuar contemplando el trasiego que esa noche ofrecía la ciudad.

Tabaski, Aid-al Kebir, la Celebración del Sacrificio, o la Fiesta del cordero.  En menos de 48 horas la sangre de millones de corderos sería derramada en todos aquellos lugares del mundo dónde se prácticaba el Islam. Sería tragada por la arena del decenas de países africanos y sudítas y correría a raudales por las tuberías de la banlieue de París.

Según el Islam, todas las familias musulmanas “deben” sacrificar un animal en estas fechas y el mismo día en ofrenda hacía Dios, y todas las que pueden hacerlo están contentas y orgullosas de llevarlo a cabo.  Pero en Senegal el precio de estos animales es desorbitado, entre 90 y 1500 euros dependiendo del peso y de otras cosas que no comprendo, y conseguir uno no está ni mucho menos al alcance de todas las familias. Si no pueden conseguir un mouton, éstas pueden sacrificar una oveja u otro animal más pequeño, eso es lo que me contó el hermano de Maty de camino hacía su casa. Mientras en la calle y por doquier, cientos de corderos eran llevados a rastras por aquellos que habían decidido comprarlos a última hora.

En las últimas tres semanas el número de corderos había aumentado tanto en las calles de Dakar, que algunas de ellas se había vuelto practicamente intransitables. Todos los días, de camino a mi colegio yo me veía obligada a sortear cuatro o cinco rebaños de corderos que tranquilamente  El olor a excremento y pienso se había vuelto habitúal y yo empezaba a odiar a esos animales con cuernos de formas imposibles que tanto me recordaban a los demonios de la iconografía cristiana.


Carretas con corderos, autobuses con corderos, coches con corderos, corderos a la sombra de las piraguas, espaldas con corderos, niños sobre corderos, corderos atados a ventanas durante semanas, y cuanto más grandes mejor, “¿sabes María, aquí la gente gasta lo que no tiene para celebrar esta fiesta. Las familias compran los corderos más grandes para dejarlos en la puerta durante días y que lo demás veamos que tienen dinero”
Sin embargo, el padre de Nording, argelino puntualizó, “en Argelia yo jamás he visto esta demostración de poder, la tabaski es una fiesta más privada, y mucho menos suntuosa”

Esa noche toda Dakar parecía despierta, y sus calles un infinito mercado de cuchillos, telas malianas, zapatos, cacerolas y legumbres. Peluquerías y talleres de costura permanecían abiertos a las doce de la noche cuando Maty me llevó hasta el costurero al que había encargado mi bubú. Una máxima de la tabaski senegalesa  es la elegancia, eso me quedó claro desde el principio. “Profesora, en la tabaski debes ir bien vestida, con un bubú nuevo, no con la ropa que llevas normalmente, porque no es resptuoso” Yo eso del respeto en el vestir no lo entendía muy bien, pero no dije nada, pues a mí me pareció que la tabaski era una excusa más de las mujeres para lucirse, como también lo hacemos las europeos en bodas, bautizos, comuniones, Año Nuevo y todos esos actos sociales en los que se nos antoja imprescindible pasar por las tiendas para decorar según la moda oportuna nuestros cuerpos.


 Pasar por la peluquería era una obligación, y hasta la una de la mañana estuve observando las manos de Maty moldear y trenzar el pelo de todas aquellas clientas que esperaban en su salón. Pestañas, uñas y trenzas también me tocaron a mí. “Yo no uso pendientes Maty, ni siquiera tengo los agujeros hechos”  Ni uso tacones, ni me maquillo mucho. “Pero hoy tenemos que ponernos guapas y estar elegantes, porque es un día especial”

  


Hacía mucho calor la mañana de la tabaski y mucho calor cuando a las nueve vimos partir a los hombres y a los dos pequeños a la mezquita. Desde la puerta yo observaba este desfile de bubús masculinos juzgando injusto el hecho de que las mujeres no pudieran rezar en la mezquita con los hombres en un día tan especial. ¡Las mujeres! Cuánto me queda por decir todavía de las mujeres senegalesas, en casi todos los artículos me veréis nombrarlas. A ellas podréis verlas el día de la tabaski limpiando las calles y las casas o preparando los enseres de la cocina, mientras hijos y maridos cumplen con la “obligación”  de rezar.


Después de una copiosa comida a base de cordero, verduras, ensalada y patatas el sueño se apoderó de mí, “¡María, puedes echarte la siesta si quieres, después iremos a por tu traje y no pondremos guapas” me dijo Maty con su calurosa amabilidad. Era la segunda vez que me ofrecía su casa, su habitación y su comida casi sin conocerme. Esta vez además, me había peinado y encargado un traje típico para mí. Había venido a buscarme a casa, y ella, su madre y sus dos hermanas, hacían todo lo posible para que nos sintiéramos a gusto. La teranga senegalesa consiguió hacerme



¡Ah sí! Perdonad que no os haya hablado de la carnicería que ocurrió antes, pues hubo un momento si no recuerdo  mal… Sí, fue un poco después de que los hombres volvieran de la mezquita. En un momento dado me dirigí hacía el patio  y oí la voz de mi compañero que decía “María, ¿estás preparadapara ver esto?”  Entonces vi a un animal literalmente agonizando sobre el suelo, las patas en alto  y la cabeza medio colgando. Dando sus últimos estertores. En pocos segundos, tuve que elegir entre quedarme a ver aquello con los demás y no poder probar bocado, o irme corriendo y no ver más que en mi plato un  trozo de carne cocinada disociada del dulce animal que horas antes había contemplado sobre la terraza. 


Y os diré además que nunca olvidaré sin duda la resistencia de los corderos a andar por las calles en esas últimas horas en que la muerte les esperaba. La imagen de los hombres cogiéndolos de las patas traseras a forma de carretilla para que se movieran se había convertido en el día previo al sacrificio en algo habitual. Así que cuando el hermano de Maty intento subir al animal a la terraza para lavarle y este se resistió a golpe de balido de pronto pensé, “sabe que va a morir”, entonces cogí rapidamente mi cámara y me puse a hacer fotos para olvidarme de esa posibilidad.

Y después los niños. Alegres. La tarde fue de los niños, tan guapos con sus nuevos bubus coloridos, y preciosas las niñas con sus trenzas de formas imposibles. Orgullosas. Era su momento. “¿Hola, nos puedes dar una moneda?” mis alumnos me habían contado que por la tarde los niños iban a las casas pidiendo dinero a los vecinos. “Bueno cariño, se me ha acabado, he dado todo al resto de niños, pero si quieres te puedo hacer una foto” “¡Sí!” y entonces empezó el pase de modelos, todos los niños se comían la cámara, “¡a mí, a mí!”La típica postal africana, ya sabéis, pero es así, a los niños les encanta que les fotografíen aunque nunca vayan a ver esa foto impresa o en una pantalla de ordenador.







Y de pronto el olor a cordero desapareció de la ciudad.