viernes, 21 de noviembre de 2014

Heroínas africanas


Es mi heroína del momento. Se llama Sockna y limpia el piso de acogida en el que trabajo. Todas las mañanas nos saludamos y todas las mañanas beso a su hija Tatiana que se hecha a llorar en cuanto me ve porque tiene una especie de aprehensión incomprensible hacía los blancos. La última vez que la cogí en mis brazos  me miró fijamente  durante varios minutos, cómo si estuviera comprobando mi calidez humana, y después se echó a llorar. Trop mignone la petite, tan guapa como su mamá.

Lo he intentado todo para que no me tenga miedo, he abrazado a su madre delante de ella para que vea que es mi amiga, he probado a quitarme las gafas, a ponerme un pañuelo de wax en la cabeza, a hablarle en Wolof, pero no hay manera de aproximarse a ella sin una reacción exagerada por su parte, porque a veces llora, pero a veces se ríe de nervios cuando me estoy cerca. Lo único que me consuela de su desconsuelo es que con el resto de "toubabs" que se acercan a la casa reacciona de la misma manera.Tatiana me encanta es verdad, pero a su madre... a su madre la admiro, por trabajar con ella en la espalda durante horas. Cada día la veo subir y bajar las escaleras, fregar, suelos, poner lavadoras, limpiar la cocina y los baños con su hija de 11 meses y 10 kilos en la espalda. Y casi cada día le pregunto estúpidamente, "Sockna, ¿no te duele la espalda?" y ella me responde rotundamente: "sí" y acto seguido hace un gesto de manos abiertas acompañado de una sonrisa de resignación. No habla francés pero nos entendemos,sé que simplemente no tiene elección.

Afortunadamente Tati duerme bien y pasa varias horas en la cunita, el resto del tiempo ronronea literalmente sobre la espalda de su mamá. En esto consiste la conciliación laboral en África, en ponerte a tu bebé en la espalda y a aguantar la jornada laboral como pueda. Esto es lo que hay y no hay mas. El lado positivo es... que la mamá puede pasar todo el día con su bebé, el negativo que casi no le ve la cara porque lo llevan siempre en la espalda para poder tener las manos libres, y que nunca verás a un hombre con su bebé en la espalda, y que la esperanza de vida de la mujer en Senegal es de 63 años. Y sin embargo, os puedo decir que de todos los pesos que las mujeres africanas soportan cada día, el de sus bebés de 10 kilos sobre la espalda, es con diferencia el más liviano.



                                                                    Sockna y Tatiana


domingo, 16 de noviembre de 2014

Cumpleaños felices en Senegal

La orden del día de la reunión de hace un mes tenía como punto principal, la celebración de los cumpleaños de los niños de nuestro hogar. Días antes había elaborado dos grandes carteles con las fechas de cumpleaños de todos los pequeños y las había colgado en la pared para que las educadoras las tuvieran siempre presentes. Llevada, sin poder evitarlo, por un gran etnocentrismo cultural, le dije al personal que, ya que no podíamos celebrar una fiesta por cada niño, debíamos encontrar alguna manera para hacer sentir especial a los cumpleañeros el día de su aniversario.

Yo hablaba y hablaba sin parar a las educadoras reunidas frente a mí, de la importancia de ese día en la vida de un niño, y yo misma antes de que me pudieran responder tardé otros 15 minutos más en exponer mis ideas para celebrar el de nuestros niños. ¿Por qué no les despertamos con un desayuno especial? Una pequeña tarta con una vela y se vayan al colegio habiendo pedido un deseo. Les podríamos comprar algo pequeño, un detalle, puesto que sabéis que en el hogar todo es de todos y nada pertenece a nadie en concreto, estaría bien para el niño tener algo que le perteneciera además de la ropa, algo propio

Mientras hablaba rodeada de mis compañeras, una parte de mi cabeza navegaba en mi pasado infantil lleno de regalos, de tartas y de velas mientras la otra, proyectaba en los niños del hogar mi alegría infantil.

El problema María es que si le damos un desayuno especial a uno, los otros 15 van a querer lo mismo. E. no quería problemas, su comentario me mostraba que no deseaba tener que luchar con los llantos y disputas de los niños a las seis y media de la mañana.   Bueno creo que los niños se deben acostumbrar a esperar su momento y saber que no todos pueden hacer lo mismo siempre. Es una cuestión de hablarles, ellos van a entenderlo. Es más fastidioso para ti que para ellos, que se acabaran acostumbrando y esperarán “su día especial”. Les respondí que no debían olvidar que cada niño era único y que por eso hacíamos cosas diferentes para cada uno de ellos.

Parecían convencidas y después de explicarme como lo habían hecho años anteriores (afirmando que a veces se olvidaban de celebrar los cumpleaños) acordamos que cada monitora haría algo especial con su grupo de referencia en esas fechas.

 Pero antes de que los trabajadores se dispersara, me acordé de algo, cogí mi libreta y les dije: ¡esperad, esperad, también quiero saber vuestros cumpleaños, voy a hacer otro cartel con ellos! Ninguno me contesto inmediatamente. E miró al cielo y contó con sus dedos los meses del año: “el 3 de abril, no, no de marzo”. L me dijo simplemente, No sé cuándo es, porque nunca lo he celebrado, es el mismo día de mi cumpleaños cuando lo sé porque la gente de Facebook me felicita. L me afirmó que nunca había comido una tarta, ni soplado velas, ni recibido un regalo alguno para celebrar el día de su nacimiento. La mujer que limpia la casa rectificó la primera fecha que me había dado cuando miró en su DNI, la cocinera me lo dijo el día siguiente. Es cultural, María, aquí no lo celebramos. Pero E, ¿podrías decirme la fecha de nacimiento de tus cinco hijos?  Le pregunté. Volvió a mirar al cielo. ¡UY! Tendría que pensarlo, te podría decir el mes.


Pero esto, de que lo que es importante en una parte del mundo, carece de importancia en cualquier otro lugar ya lo había aprendido tiempo atrás a pesar de lo cual no dejaba de sorprenderme el hecho de que tanta gente en Senegal no conociera exactamente su fecha de nacimiento. Nosotros la celebramos cada año y la escribimos en cientos de documentos oficiales a lo largo de nuestra vida, documentos que ni siquiera existen aquí, pues hay incluso muchísimas personas, que no tienen partida de nacimiento ni DNI. 

Les pregunté a mis trabajadores si les agradaba que alguien a quien consideraban importante en sus vidas les hiciera un regalo. Todos estábamos de acuerdo en que el gesto de ofrecimiento era más importante que el objeto ofrecido. ¡y vaya! a todas las educadoras, les gustaba sí, recibir regalos aunque como comprenderéis no estaban en ningún modo traumatizadas por el hecho de no haber celebrado sus cumpleaños, ni por la seguridad que tenían de que no los celebrarían probablemente jamás.

Me acordé que el año anterior me habían invitado a un cumpleaños en el barrio de Pikine. Había muchas mujeres en la casa cocinando, como siempre, y recuerdo que la propia homenajeada formaba parte de este grupo de féminas que hacían la comida para la gente que iba llegando a la casa. No vi ningún regalo en todo el día salvo el que nosotros, los europeos invitados, le ofrecimos.

Un mes después de esta reunión, y cuatro cumpleaños celebrados, me parece que he conseguido que los educadores encuentren hermoso el ofrecer algo especial por los cumpleaños a los niños. B me sorprendió decorando la cama de la pequeña Mati, con caramelos y juguetes de la casa y O con su bella dedicatoria en el diario de Alain. Aunque aun sigo acordándoles las fechas con antelación para que no se olviden de comprar un pastel para el desayuno. 

L. se acercó a mí hace unos días, para decirme con voz emotiva que le parecía genial que celebraremos de esa manera los cumpleaños de los niños. Comprendí bien su satisfacción porque él mismo, el día anterior le había ofrecido a Alain por su treceavo aniversario, un reloj y un perfume. Yo asentí, pero no le quise decir que el único momento del día en el que había visto iluminarse la cara del niño, a pesar de los cariños y regalos que recibió de todos los educadores, había sido cuando había llamado por teléfono a su padre, aunque éste había olvidado por completo que hacía trece años su hijo mediano venía al mundo.