domingo, 15 de junio de 2014

Boda senegalesa

- Las habituales dudas -

Cada vez que  le preguntaba a mi compañero de trabajo M. Ndaye "¿qué tal está tu novia?". Éste me respondía con una sonrisa - "¿qué novia?"- "la bella Maty - Le contestaba yo.  Entonces él insistía fastidiosamente - "¿quien es Maty? 
-" El amor de tu vida, y tu futura mujer"- 

Esta conversión a veces se eternizaba entrando incluso en el mundo de la ficción: -"Me vas a tener que presentar a esa Maty de la que hablas y que dices que está tan enamorada de mí..." - "Eres un sai-sai (pillín)" - le acababa yo por decir como punto y final al interminable bucle de excusas en el que se había metido. Los dos reíamos, sobre todo él, que sin embargo no dejaba ver ni un atisbo de sonrisa cuando las dos francesas y yo, le pinchábamos sobre el tema de una supuesta futura boda. - "¿Y cuando vas a pedir matrimonio a tu mujer? cuatro años de noviazgo en Senegal es mucho..." 

Sabíamos que Maty le presionaba por su parte y que más de una vez se habían alejado por esta razón.

"Para pedir en matrimonio a la mujer, el hombre debe ofrecer una dote a la familia. Ese es el primer paso. Si la familia de la mujer acepta, se fija una fecha para el matrimonio civil y otra, si la familia puede permitírselo, para la fiesta. Pero es siempre el marido el que se ocupa de todos los gastos de las celebraciones y de encontrar la casa dónde vivirán juntos, que en muchos casos es en la casa familiar del marido. En fin, que si quieres hacer las cosas  bien, tienes que ahorrar bastante antes..." 

Esa fue la explicación que nuestro compañero nos dio el día que las francesas y yo le invitamos a casa  a cenar. No es que no quisiera, es que esperaba el mejor momento, ese en el que su cuenta bancaria pudiera satisfacer las expectativas de la familia que "le entregaría" a su mujer.

No sé si en aquella conversación ya rondaba algo por su cabeza, o si la bella Maty le dio un ultimátum,  pero un mes después, me los encontré a todos en la biblioteca del colegio, sonrientes y felices dándome la buena nueva: ¡M Nydaye se casaba! El día anterior la familia de Maty había aceptado la dote ofrecida, y habían fijado la fiesta para el 7 de junio. Entonces pronuncié la sola frase en español que le había enseñado a Ndaye: 


"¿eres feliz?" y él me respondió "Muy feliz" y verdaderamente lo parecía.

Y después un poco lo de siempre, felicitaciones para la familia y para la novia, intercambio de mensajes y de promesas: "Vosotras seréis mis invitadas de honor". Y muchas preguntas por parte de "las blancas" que nunca habían asistido a una boda musulmana senegalesa.


"¿Cómo son las bodas aquí? ¿Hay que dar dinero? ¿regalos? ¿a qué hora hay que llegar?" 


Respuestas imprecisas a todos las preguntas por parte de nuestros amigos, que se despejaron el mismo día de la ceremonia.

Lo que sí pudimos saber antes, es que habría dos celebraciones paralelas, pues la familia de la mujer recibiría y festejaría el matrimonio por su lado con las mujeres invitadas, mientras que el hombre, lo haría con sus familiares y amigos. Hombres y mujeres separados, como siempre. La novia sin el novio hasta la madrugada, momento en el que alguien de la familia del marido, vendría a buscar a la mujer para llevarla hasta el lecho nupcial y ser entregada a su ya marido.





- Todo queda en familia - 

Parecía fácil de entender, pero el día de la boda todo fue más bello, complejo e imprevisible que lo imaginado con todas las explicaciones escuchadas las semanas antes. Y yo me llevé mi cámara para grabar y fotografiarlo todo.

Llegamos a la casa de Maty al mediodía,y nos la encontramos llena de gente, sobre todo mujeres y niños trasegando por las diferentes habitaciones. En la cocina, el patio y las habitaciones la gente comía  pollo con arroz,  y nos hacía insistentes gestos para que nos acercáramos a comer con ellos. "En las celebraciones como esta no se come pescado" me explicó uno de los griots que se sentó a comer con notros.


En la terraza, un grupo numeroso de mujeres preparaba la comida entre cacerolas humeantes. Algunas picaban cebollas sin cesar, otras sazonaban la carne y otras removían el cus-cus previsto para la noche con charlas animadas en wolof y niños a sus pies. Eran todas familiares y amigas de la familia, que se prestaban a ayudar ese día, ¿las pagaban algo  o su participación era fruto de la colaboración femenina senegalesa? no lo sé, en cualquier caso, una de ellas, al verme no dudó en pedirme dinero, algo que repetiría a lo largo del día en cada uno de nuestros encuentros. "Tu es belle, tu est gentil, mais il faut donner de l'argent" Podeis ver  nuestro primer encuentro en uno de los vídeos que ese día grabé... "Y si no te doy dinero, ¿no soy  guapa ni simpática?" la contesté bromeando.

 Hay cosas en este país a las que no te llegas a acostumbrar como esa sonrisa y piropo que viene precedido de un "dame dinero" y a la que la mayoría de las veces no sabes que contestar...






 

Muchas  personas en la casa y en la calle, pero no todas ellas invitadas a la celebración. La mayoría de los niños que pululaban a nuestros alrededor, eran niños del barrio que aprovechaban la algarabía para jugar, comer, darme sus manos y alegría, y pedirme fotos como estas: 






En la calle habían instalado una carpa blanca y cientos de sillas para los invitados muchos de ellos ya aposentados. Eran las cinco de la tarde cuando vi a la novia por primera vez desde que habíamos llegado. El cansancio de las cuatro horas de la particular peluquería y maquillaje marital, se dejaba ver en la media sonrisa que le costaba esbozar. Parecía una reina africana recién entronada con su magnifico bubú. Y los demás, estábamos allí para mirarla durante unos minutos y felicitarla a su paso.




Entre besos y abrazos, la novia fue entrando en cada una de las dependencias de la casa seguida del fotógrafo y de todo el gentío que cantaba y celebraba su llegada. Para mí fue el momento más emotivo y vital del día.


A penas veinte minutos después de su exitosa llegada a la casa familiar, Maty subiría de nuevo en el coche que la había traído, para ir esta vez a presentarse a la familia del novio. Y ya no la volveríamos a ver, vestida de blanco, hasta la noche.


- La noche llega con danza -

La noche llegó sin que nada especial pasara entre ella y la tarde.  Ahora había mucha más gente, sobre todo chicas jóvenes, con atuendos imposibles y tacones escalera que se hundían a cada paso en la arena. Pedrería, bordados, y bolsos de juguete decoraban a las maniquís de peinados y pelucas rimbombantes. Aquello que estaba viendo era un desfile de moda africana en toda regla, y no podía evitar nadar entre la fascinación y el desprecio al contemplar tantos contrastes e incoherencias delante de mí mientras que la frase "donne moi de l'argent (dame dinero)" se repetía en mi cabeza.

 Y cuando ya parecía que la novia nos había olvidado y los niños empezaban a llorar,  los sabar y los jembés empezaron a sonar, los bubús de las maniquís se abrieron y el desfile de moda, pasó a ser un espectáculo increíble de danza, en el que toda mujer que lo deseara podía participar. Bailaban esa baile tradicional en Senegal llamada "sabar" cuya escuela se encuentra en la calle y en las celebraciones cotidianas. Yo siempre soñé,  antes de venir a Senegal,  con vivir un sabar... la primera vez no tenía cámara, pero bailé, esta vez la cámara me dejó sentada para contároslo...





Maty llegó demasiado tarde, opinaron algunos, mucho después de que el sonido del sabar cesara. Pero lo que ocurrió a su llegada fue para mí lo más original de la noche, pues venía del brazo de un hombre que no era M. Ndyae pero se le parecía mucho. 

"El hermano del novio hace del novio, puesto que él, según la tradición no puede estar presente" - me contó la mujer que estaba a mi lado. ¿Cómo?. Pues eso, Maty entró en escena con el hermano de su novio, bailó con él, partió el pastel y hasta se dio dos besos en la boca. Él cantó para ella, y la cuidó como si fuera su propio marido, mientras mi compañera francesa, me decía que ella nunca había visto en todo el tiempo que había vivido en la región de Sine Saloum, que los novios celebraran la boda separados. ¿cambiaban las tradiciones de una familia a otra, de una región a otra? 

Este momento fue para mí, de un gran realismo mágico y ahora que vuelvo a ver los vídeos que puede grabar, me viene de nuevo  a la mente, algunas de las mejores escenas  de las películas de Kusturica, dónde la música y el baile convierten la realidad en inverosímil.  La novia no llegó volando, no, como en la película Underground, pero no me hubiera extrañado en absoluto si lo hubiera hecho...

Y lo peor de esos momentos,ver de nuevo el cansancio reflejado en el rostro de Maty, que parecía tan lejos de allí y de ella misma... Y que me hacía preguntarme, todo esto ¿es para quien, es para qué?





Los últimos bailes, el baile nupcial...



- Final imperfecto: "Es nuestra tradición" -


Eran las dos de la mañana, cuando alguien me ofreció por el pasillo un trozo del pastel que hacía cuatro horas había visto cortar. Lo comí en el salón con el resto de mujeres que reían y cantaban alrededor de la griot, haciendo grandes esfuerzos por no quedarme dormida. Alguna de las mujeres que se sentaba cerca de mí me volvió a pedir dinero: “donne moi de l’argent toubab”   y yo me reí, pues el vestido que ella llevaba puesto era, con toda seguridad, tres veces más caro que todo el dinero que ese día yo llevaba encima.

Y todo me parecía, no os podéis imaginar, como un sueño lleno de colores, y frases que no comprendía, en un país al que tampoco llegaba a entender y que no me entendía.

Éramos muchas allí. Cada uno de los espacios del salón que no estaba ocupado por un cuerpo humano, estaba ocupado por una enorme cesta-regalo para la novia. De vez en cuando la simpática mujer que estaba a mi lado, me hacía la traducción de todo lo que ocurría: “Mira, esas mujeres que están ahí de pie, son de la familia del novio y han venido hasta aquí para ofrecer a la familia de la novia dinero, forma parte de la tradición”. 
Pero, ¿dónde estaba la novia? Hacía más de una hora que uno de los miembros de la familia del novio, había venido a buscarla en un gran coche para llevarla frente a su marido, pero yo no la veía desde su entrada nupcial.

El resto de la familia y amigos esperábamos a que ella saliera primero, para seguirla hasta la casa marital y continuar allí la fiesta. Ese era el único momento de la noche en el que las dos familias se reunían. O al menos eso era lo que  “la tradición” decía que debíamos hacer.

Así que una parte de mí esperaba, y la otra dormía rodeada de mujeres africanas, en el salón de una casa del extrarradio arenoso de Dakar, el 7 de junio de 2014, año en el que nunca imaginé que viviría en África.

Los ojos se me cerraban cuando llegó la última sorpresa de la noche, “el conflicto familiar” claro que sí, porque ¿Qué es una boda, un bautizo o una comunión, si un conflicto o malentendido del que poder hablar los días siguientes? Si creéis que los absurdos enfados familiares en este tipo de celebraciones no ocurren en África, estáis equivocados. ¡La ignorancia es algo profundamente arraigado en nuestro ser y no entiende de razas, ni nacionalidades, ni lenguas, ni tradiciones! Nos entretienen a los humanos este tipo de problemas y somos expertos en alimentarlo en cualquier parte del mundo y en cualquier situación.

Salí a la calle cuando algunas de las mujeres que se encontraban en el salón empezaron a discutir acaloradamente en wolof, y  ya no pude volver a entrar porque las puertas de la casa se cerraron con llave, quedando una parte de los invitados dentro con la novia y otra parte, fuera. Desde la calle todos podíamos oír los gritos que salían del interior.

“Son las dos de la mañana y el novio no ha enviado un autobús para que la familia de la novia pueda ir a su casa. Tan sólo dos coches en el que no cabemos todos.” Me dijo con indignación una de las tías de Maty.
“A lo mejor no lo sabía…”
“Claro, que lo sabía, es la tradición, todo el mundo lo sabe. Lo que pasa es que no se han querido gastar dinero en eso, no quiere que vayamos, eso es todo, pero nosotros tenemos derecho a ir con ella antes de que acabe la noche”
“¿Y por qué la gente se ha encerrado en la casa?”
“Están negociando con la familia del novio, pero la novia no va a salir de aquí esta noche sin su familia no la vamos a dejar…La tradición dice que la novia debe ir con su familia y amigos a la casa del novio, es el único momento en el que nos juntamos y llevamos a las griots para cantar y bailar. Normalmente vamos en un autobús que el novio ha alquilado y que hace tiempo que debería haber llegado. Pero mira la hora que es, ¿dónde va a encontrar un autobús a estas horas? Esto no es bueno, no… yo me voy a ir a mi casa”

La tensión aumentaba y las “toubabs” no sabíamos que hacer. Deseábamos ir a casa de M. Ndyae para felicitarle, al fin y al cabo era él nuestro compañero y él quien nos había invitado, pero, ¿teníamos derecho a ir sin la novia? Todo era confuso. Los gritos de las mujeres que se escuchaban a través de las ventanas iban en aumento. Entonces las puertas de la casa se abrieron por la fuerza y un grupo de hombres visiblemente enfadados salió de ella.

Maty salió detrás, escoltada por la familia del novio y cubierta la cabeza con una manta, como una estrella recién arrestada en estado de embriaguez. Se metió en el coche, o más bien la metieron en el coche y se fue sin tan siquiera decir “adiós” a las blancas, “sus invitadas de honor”.

“Hemos negociado, y han prometido que mañana traerán un autobús para que los familiares puedan ir a casa del marido y continuar la fiesta. Han dado dinero y su palabra. Pero la novia hoy tiene que pasar la noche con su marido, si no va a traer mala suerte. Es lo que dice la tradición”

Toda la gente fue saliendo poco a poco de la casa, algunos reían, otros como la hermana de la novia lloraban. “Esto no está bien” se lamentaba.

Eran las tres de la mañana y mi primera boda senegalesa parecía llegar a su fin.

Después supimos que al día siguiente los familiares habían podido continuar la fiesta como se esperaba sin mayores problemas, y que la bella Maty cuando acabó de despedir al último invitado, se puso enferma y le subió la fiebre de agotamiento

La tradición se había cumplido, una vez más.




Otras celebraciones que disfruté en Senegal

5 comentarios:

  1. Antropología en estado puro María pero además aderezada con un bello tono literario, cada vez que leo tus crónicas más ganas me dan de compartir contigo experiencias senegalesas, tiempo habrá para ello, de momento disfruto con todo lo que nos cuentas.

    Un abrazo guapetona

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  2. Ah! y además estás guapíiiiiiiiiiiiiisima

    Otro abrazo

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  3. qué divertido, esto me recuerda mi experiencia en Senegal, con más de una docena de chicas embarcadas con una pequeña ONG rumbo a Casamance, qué locura, proyectos caóticos, muchísimas palabras, poquísimos hechos, una nube de parásitos alrededor de la ONG, la mitad de las chicas (bueno, señoras cincuentonas casi todas) aprovechando para hartarse de follar con senegaleses veinteañeros que les ofrecían compañía y sexo a cambio de dinero... cuando volví a Madrid le dije a José M, el amable fundador y presidente de la ONG: "como se entere Rajoy de que tu ONG sirve para enviar divorciadas a follar con los prostitutos africanos te manda a Girona como inspector de los retretes de las autopistas".

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  4. Desgraciadamente el turismo sexual está muy a la orden del día en Senegal,como en tantos otros países africanos... y los proyectos de cooperación que no funcionan como deberían también... y el caos...forma parte de todo. No podemos olvidar que es un país subdesarrollado cuando hacemos una valoración de nuestra experiencia aquí. Pero como en cada experiencia, en cada uno está el dejar que la balanza de lo vivido se incline hacía el lado positivo o negativo...

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  5. Está muy bien tu artículo. Aunque no entiendo una parte donde hablas que sientes una mezcla de admiración y desprecio...no sé si el desprecio es por el hecho de que te pidan dinero. Eso es un hecho normal en África, la mayoría no te piden, pero siempre hay alguien que relaciona al blanco con los billetes y no se corta en pedirte. Lo que pasa es que igual que la persona no se corta, tampoco pasa nada si le dices tú que no le das, no se va a enfadar contigo, así actuarías como un local y no como una blanca.

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